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Mostrando las entradas etiquetadas como I. A. Richards

Tres eran tres

Dice el chascarrillo que hay tres tipos de personas: las que saben contar y las que no. Es un chiste que me gusta; muchos dirán que es malo, pero en el fondo es también una ingeniosa muestra de un aspecto muy interesante de la psicología humana —aunque dudo que la persona que se lo inventó pretendiese algo tan elevado—. Solo hay que juntar nuestra tendencia natural a comparar las cosas, a buscar diferencias y oposiciones, con el afán de clasificar todo aquello que tenemos delante, y ¡voilà! : espontáneamente surgen tricotomías por doquier. Comenzamos poniendo etiquetas binarias basadas en algún rasgo que distingue por oposición elementos de un mismo grupo: cosas grandes y pequeñas, la luz y la oscuridad… pero luego nos encontramos con cosas que no responden claramente a esas dos categorías, o sentimos la necesidad de establecer algún tipo de conexión entre los dos polos, y así concebimos las cosas medianas y la sombra que proyecta la luz. El triángulo semi...

La cansina tontería de C. S. Lewis

Es curioso que uno de mis libros favoritos de C. S. Lewis sea también uno de los más vilipendiados por J. R. R. Tolkien. Lo peculiar no es que Tolkien arremetiese contra la obra de su amigo (es conocida su agria reacción a El león, la bruja y el armario ), ni que me guste un libro criticado desfavorablemente por Tolkien (de no ser así mi catálogo de lecturas placenteras sería muy magro), sino que —habida cuenta de mi admiración hacia Tolkien como filólogo— esto ocurra con un libro que criticó especialmente por su tratamiento de los detalles lingüísticos. Y aun así, considero que este es el libro más filológico de Lewis, incluso en el sentido literal de la palabra. El libro en cuestión es Studies in Words , publicado en 1960, cuando Lewis ya se había marchado de Oxford para ocupar la cátedra de Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Cambridge. Se trata de un libro que explora la historia semántica de un puñado de palabras inglesa...

Los filólogos y los críticos

C. S. Lewis comentó una vez que su amistad con J. R. R. Tolkien le ayudó a desembarazarse de dos viejos prejucios. Lo dijo así en un conocido pasaje de sus memorias: Al entrar por primera vez en el mundo me habían advertido (implícitamente) que no confiase nunca en un papista, y al entrar por primera vez en la Facultad (explícitamente) que no confiara nunca en un filólogo. Tolkien era ambas cosas. En el libro en el que contaba esto, Cautivado por la alegría , Lewis relataba su vida centrándose en su periplo espiritual, así que es normal que cuando se cita ese pasaje, se suelan cargar las tintas sobre cómo abandonó aquel primer prejuicio contra los católicos. Pero como ya he comentado en el post anterior a este , personalmente encuentro más fascinantes las afinidades y rencillas entre Tolkien y Lewis en materia lingüística. Y a este respecto, su cambio de perspectiva respecto a la filología tiene más sustancia de lo que parece. Porque aunque si...